jueves, julio 24, 2008
INTERACCION, EL VALOR DE UNA CIUDAD VIVA
Escudriñar conceptos certeros con respecto a la realidad cultural de un lugar, implica algo más que comprender su historia o determinación geográfica. La observación de un presente establecido, (que por cierto no descuida lo anterior) con sus debilidades y fortalezas, es clave para alcanzar un nivel de conciencia sobre el acontecer, pudiendo establecer relaciones ante cuestiones que no han alcanzado un nivel de desarrollo hacia las necesidades de los usuarios, configuradores esenciales del espacio arquitectónico.Es así como una problemática social-urbana, que esta llena de variantes concretas, debiera conducirnos hacia un análisis más agudo con respecto a la “esencia” costumbrista de las personas, sobre aquellas cosas que hacen a diario, como un acto reflejo al lenguaje con el que la ciudad comunica su habitabilidad, y así poder identificar los elementos que trascienden en dicha relación urbe-usuario.Reflexionando de este modo, podríamos determinar que el espacio público, o intemperie urbana, posee un valor innato que esta internalizado fuertemente en las personas, como propiedad natural del ser humano social y acentuado de mayor forma en la ciudad. Hablo de “interacción”. Es esta propiedad, por excelencia, la que esta en constante diálogo y conflicto con la urbe, por estar muchas veces disminuida ante soluciones arquitectónicas incapaces de comprender su valor, que radica en la diversidad misma (cultural y física) de todas las personas.Al observar nuestra propia realidad, por ejemplo, nos daríamos cuenta que la mayor parte de los espacios públicos que nos hacen circular entre plazas y edificios persisten en la lógica del desplazamiento continuo y determinado, (pensando en el más evidente, como es el paseo peatonal de Barros Arana), como si el habitar público fuera un inerte ir y venir de peatones categorizados como automóviles que persiguen un destino sin considerar el entorno.Basta con ver como aquellas plazas como la contenida frente a los tribunales de justicia o aún la más renombrada “de armas” que pasan para la mayoría solo como un mero adorno urbano sin función dinámica de interacción, limitándose solo a aquellas actividades clásicas que se resisten a morir definitivamente, como son los lustrabotas o el incansable fotógrafo de recuerdos, testimonios latentes sobre como estos espacios públicos ya no responden a las nuevas expectativas sociales y se quedan cada vez más vacíos, pues su diseño no obedece a la búsqueda de una interacción cultural real, tan importante para la identidad y desarrollo de un pueblo.La búsqueda de una lógica que integre mayor dinamismo e interacción entre las personas, tal vez nos haga mirar más hacia lo particular, en ejemplos específicos, donde la gente conviva junto a temáticas comunes, algo así como lo que acontece, por ejemplo, en nuestro hall de escuela, o en los múltiples lugares en que la convergencia de un lugar específico genere encuentros particulares capaces de intercambiar temáticas entendidas sobre un eje común, lo que se podría transversalizar a nivel macro (de ciudad) como la cultura o cosmovisión de los usuarios.Tal vez dejar la obsesión del habitante concepto, capacitado físicamente para moverse por una ciudad sin limitaciones para consumir dentro de este ir y venir de peatones sin identificación con su ciudad, nos haga reflexionar, por ejemplo, en como esta ciudad dialoga con los que si tienen limitaciones para desplazarse, o en aquellos que simplemente buscan algo más que consumo en sus momentos de ocio.Una ciudad que sea capaz de romper con esta inercia colectiva, devolviendo a sus espacios públicos la relevancia cultural y trascendente, que los mismos habitantes merecen desarrollar, devolvería a estos su capacidad de identificarse y de vivir la ciudad.
{ 11:11 p. m. }
let's fly across the blue sky