martes, mayo 19, 2009
{ 11:32 p. m. }
let's fly across the blue sky
Sobre el Centro Cultural La Moneda...
jueves, julio 24, 2008
una breve reseña...
"Con una maqueta de 2 metros por 2,5 metros ingresó, en febrero de 2001, el cineasta y paisajista Álvaro Covacevich a La Moneda dispuesto a convencer al Presidente Ricardo Lagos de la necesidad de crear un megacentro de las culturas.
Tras un encuentro con el Jefe de Estado en México, país donde Covacevich vivió su exilio, finalmente el hombre que diseñó el parque Américo Vespucio y filmó dos películas de culto, “Morir un poco” y “New Love”, consiguió su objetivo.La obra, cuya construcción duró un poco más de un año, fue licitada por la oficina de arquitectos Undurraga y Devés, la misma que en los ´80 remodeló la Plaza de la Constitución y tiene a su cargo la remodelación del Paseo de la Ciudadanía.Cristián Undurraga fue, entonces, quien se abocó a darle forma final al proyecto de Covacevich, y contaba para ello con una serie de galardones y obras, entre ellos el santuario del Padre Hurtado, además de un nutrido currículo como urbanista. "
(fuente
EMOL.cl)
A través de la apertura de los patios del palacio de la Moneda al ciudadano corriente, se ha otorgado o "recuperado" a la obra de Toesca aquella condición de recorrible y explorable en sus patios interiores, mezclando a través de esto historia reciente y no tanto, cultura y participación ciudadana a un espacio reservado por años a la clase política del gobierno. Es así como Cristian Undurraga se basa en estos conceptos para otorgar "un nuevo patio" que siga con la línea de exploración y continuidad que tienen los patios de la moneda, para albergar aquella actividad que da identidad a un pueblo como es la cultura.El centro cultural esta dividido en tres niveles contados desde arriba hacia abajo, dejando más arriba todas aquellas actividades relacionadas con el lucro, mientras que abajo se encuentra el gran espacio central iluminado naturalmente, y que relaciona las salas de exposición itinerantes, más los archivos de una biblioteca y todo lo relacionado con su función final de "contención de la cultura". Es así como podríamos pensar que el centro cultural esta pensado de tal forma que en su adentramiento o profundidad va cobijando actividades cada vez más trascendentes del quehacer humano.Por los muros del centro cultural cae agua y están dispuestos unos árboles que nos hablan una vez más de la condición de " nuevo patio de la cultura" que tiene la obra en directa relación con la pileta y los árboles que cobija el palacio de la Moneda en su recorrido habitual, así como la iluminación es desde arriba sin posibilidad de ver lo que acontece al rededor, tal y como ocurre en el palacio y se rescata en el centro cultural.
Centro cultural y el oscio...
Pensar un un gran centro de la exposición cultural, es pensar en un lugar que saca a la gente de sus puestos de trabajo o de un transito urbano muerto a otro enriquecedor, del momento que nos informa lo que esta ocurriendo tanto en chile como en el mundo con respecto a las artes del pasado y las propuestas del presente.
El hecho de ser este un contenedor de actividades alejadas de aquellas relacionadas con lo productivo (para el que visita), lo convierte en un gran espacio para el oscio, de ese que enriquece el al ser de acuerdo a sus intereses y que convoca a sus pares en torno a lo que allí acontece.
Es así como el oscio que contiene el lugar esta condicionado a "intereses o aficiones" del que visita, en pro de aumentar su bagage cultural a partir de una iniciativa que parte desde lo personal y la desvinculación con el trabajo obligado
{ 11:14 p. m. }
let's fly across the blue sky
creer y luego aproblemarce...
Siempre he tenido la necesidad de creer las cosas que me dicen para interesarme por aprender algo... puede que nunca logre entender un ejercicio de matemáticas, por ejemplo, si no logro creer a través de una experiencia o fundamento aquel método de resolverlo, método que para las masas es incuestionable, acuñando un comportamiento de absorción de información sin reparar en su veracidad o valides personal... solo puedo recordar a Nicanor Parra con un artefacto visual, que mostraba el croquis de un hombre defecando, en donde el desagüe de la taza iba a parar a la boca de otro hombre defecando, y así sucesivamente... perfecto ejemplo.También pareciera asfixiar, esta carrera por crear lazos neuronales en torno a lo que se quiere comprender, de hacer calzar las ideas, y que en base a estas has satisfecho tu necesidad imperiosa por creer las leyes fundamentales de otros, sin pasar por el popular proceso de osmosis de las masas, logrando transmitir una verdad completa para uno mismo.Me aproblema ahora la interacción en la arquitectura… tengo la necesidad de creer en que la arquitectura es capaz de convocar a las personas sobre un eje o espacio común, en donde sea la interacción desligada y ociosa la que enriquezca a quienes vivan dicho espacio… ¿cómo se logra algo como eso?_¿ cómo asimilar que la gente entendería un espacio para estos fines?La primera reflexión la hago en base a la cultura de los usuarios... como no pensar en que es el configurante humano, aquel fundamental para que una obra de arquitectura cumpla su rol más trascendente, y que es finalmente este configurante humano, el que a través de su forma de percibir los espacios construidos termina por definir la función de la arquitectura. Es un hecho la diversidad cultural del ser humano… de aquellos que van desde lo más primitivo a lo más refinado, condicionados por situaciones naturales del entorno que también agregan aún más factores de gran amplitud a la hora de intentar sintetizar un concepto acertado sobre como las personas configuran y dan sentido a la arquitectura.
Como respuesta a esto pudiera parecer obvio pensar en que cada arquitecto debe comprender la realidad cultural, social y natural de su entorno, sin embargo, si volvemos a la idea de que es el usuario quien termina de dar el sentido final a la arquitectura, y si aceptamos la realidad de que estos están cambiando hábitos con rapidez a través de todo el fenómeno de la globalización, pues entonces donde queda la idea inicial de un arquitecto que levanta una obra que pretende perdurar en el tiempo con una función específica, cuyo origen inevitablemente se a “congelado” con la forma de concebir las cosas en un periodo determinado?_Vasta con ver nuestras edificaciones “patrimoniales” recicladas en tiendas comerciales o cualquier otro tipo de redireccionamiento en las funciones de edificios hechos para otras cosas… para otros tiempos.Es así como a través de una apreciación personal me atrevo a establecer una relación entre arquitectura unipersonal y otra para las masas… dependiendo de la diversificación y aumento en número de personajes usuarios de un espacio arquitectónico sus funciones variarán en lo inmediato, dentro de un contexto que evoluciona a la par de la sociedad, no así al contrario, cuando la arquitectura es de pocos y sus funciones están muy delimitadas, generando así una situación de desfase con los cambios que lleva a cabo la sociedad a través del tiempo, “condenando” de cierto modo a un reciclaje del espacio en un futuro próximo.El problema resultante entonces es establecer para que medida y segmento social uno pretende trabajar, y que sentido uno quiere realmente hacer perdurar la funcionalidad de un espacio arquitectónico ideado.No quiero caer en espacios “poli funcionales” que para mi gusto son demasiado abiertos en su uso (su nombre lo indica), ni mucho menos en el otro extremo unipersonal, pues no es mi tema.Ahora bien. Podría resumir 3 factores que darán curso a mi problemática… tales son el ocio, la intemperie y la interacción dentro de un contexto dado.
Se me viene a la cabeza entonces el proyecto ganador de la remodelación de la plaza de los tribunales en concepción, que propuso cortar la continuidad de la denominada columna vertebral urbana de la ciudad en ese punto que conecta la diagonal pedro aguirre cerda con barros arana, deteniendo en cierta forma el tránsito de peatones y potenciando la interacción de un lugar que por su accesibilidad ya es muy neurálgico en su función urbana bajo el edificio… Así podría decir entonces que un elemento de gran ayuda para generar instancias de interacción ociosa sería articular espacios en base al quiebre del tránsito habitual, identificando un lugar correspondiente a la importancia que les dan los grupos urbanos a ese lugar y en que forma ese espacio enriquece el diálogo entre las personas que lo viven.
Para las personas de una ciudad como la nuestra, sus plazas son mucho más que un simple parque para ir a comer helado, sino que es aquí donde radica la conjunción de toda la ideosincracia de un pueblo determinado, donde sus habitantes interactúan en base a sus costumbres y a la cultura que los identifica como hijos de una misma tierra… si uno es capaz de extrapolar una reflexión como esta, y llevarla a la arquitectura que sea destinada para ciertos grupos humanos amarrados a una condición especial ( de conocimiento, hábitat, cultura, etc.-) podría definir espacios en que la interacción sea lo más relevante, pues es ahí cuando los pares comienzan a encontrar sentido a las cosas que hacen , a través del enriquecimiento que genera la comunicación de experiencias personales en momentos de ocio.Observando esto comienzo a encontrar sentido a ese espacio a veces desproporcionado con el que cuentan muchos museos o espacios dedicados al enriquecimiento cultural voluntario, y que conectan a las salas de exposición, transformándose en la plataforma unificadora y céntrica de un espacio, tal y como ocurre en una plaza, en un hall y otros innumerables ejemplos en que la convergencia determina el grado de interacción de los usuarios de un espacio común.En resumen, la interacción ociosa debe ser enriqucedora para los pares que habitan el espacio, a través de condiciones arquitectónicas que sean capaces de detener el tránsito habitual de aquel lugar en el que habitan, donde la convergencia de los espacios que rodean al lugar de interacción tenga cierto grado de equidistancia y proporción para contener acciones que sean entendidas dentro de un contexto definido por la cultura y el ritmo de evolución de la misma, para perdurar en el tiempo y generar más lazos de identidad en algún pueblo o ciudad dada.
Gustavo Burgos
{ 11:13 p. m. }
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INTERACCION, EL VALOR DE UNA CIUDAD VIVA
Escudriñar conceptos certeros con respecto a la realidad cultural de un lugar, implica algo más que comprender su historia o determinación geográfica. La observación de un presente establecido, (que por cierto no descuida lo anterior) con sus debilidades y fortalezas, es clave para alcanzar un nivel de conciencia sobre el acontecer, pudiendo establecer relaciones ante cuestiones que no han alcanzado un nivel de desarrollo hacia las necesidades de los usuarios, configuradores esenciales del espacio arquitectónico.Es así como una problemática social-urbana, que esta llena de variantes concretas, debiera conducirnos hacia un análisis más agudo con respecto a la “esencia” costumbrista de las personas, sobre aquellas cosas que hacen a diario, como un acto reflejo al lenguaje con el que la ciudad comunica su habitabilidad, y así poder identificar los elementos que trascienden en dicha relación urbe-usuario.Reflexionando de este modo, podríamos determinar que el espacio público, o intemperie urbana, posee un valor innato que esta internalizado fuertemente en las personas, como propiedad natural del ser humano social y acentuado de mayor forma en la ciudad. Hablo de “interacción”. Es esta propiedad, por excelencia, la que esta en constante diálogo y conflicto con la urbe, por estar muchas veces disminuida ante soluciones arquitectónicas incapaces de comprender su valor, que radica en la diversidad misma (cultural y física) de todas las personas.Al observar nuestra propia realidad, por ejemplo, nos daríamos cuenta que la mayor parte de los espacios públicos que nos hacen circular entre plazas y edificios persisten en la lógica del desplazamiento continuo y determinado, (pensando en el más evidente, como es el paseo peatonal de Barros Arana), como si el habitar público fuera un inerte ir y venir de peatones categorizados como automóviles que persiguen un destino sin considerar el entorno.Basta con ver como aquellas plazas como la contenida frente a los tribunales de justicia o aún la más renombrada “de armas” que pasan para la mayoría solo como un mero adorno urbano sin función dinámica de interacción, limitándose solo a aquellas actividades clásicas que se resisten a morir definitivamente, como son los lustrabotas o el incansable fotógrafo de recuerdos, testimonios latentes sobre como estos espacios públicos ya no responden a las nuevas expectativas sociales y se quedan cada vez más vacíos, pues su diseño no obedece a la búsqueda de una interacción cultural real, tan importante para la identidad y desarrollo de un pueblo.La búsqueda de una lógica que integre mayor dinamismo e interacción entre las personas, tal vez nos haga mirar más hacia lo particular, en ejemplos específicos, donde la gente conviva junto a temáticas comunes, algo así como lo que acontece, por ejemplo, en nuestro hall de escuela, o en los múltiples lugares en que la convergencia de un lugar específico genere encuentros particulares capaces de intercambiar temáticas entendidas sobre un eje común, lo que se podría transversalizar a nivel macro (de ciudad) como la cultura o cosmovisión de los usuarios.Tal vez dejar la obsesión del habitante concepto, capacitado físicamente para moverse por una ciudad sin limitaciones para consumir dentro de este ir y venir de peatones sin identificación con su ciudad, nos haga reflexionar, por ejemplo, en como esta ciudad dialoga con los que si tienen limitaciones para desplazarse, o en aquellos que simplemente buscan algo más que consumo en sus momentos de ocio.Una ciudad que sea capaz de romper con esta inercia colectiva, devolviendo a sus espacios públicos la relevancia cultural y trascendente, que los mismos habitantes merecen desarrollar, devolvería a estos su capacidad de identificarse y de vivir la ciudad.
{ 11:11 p. m. }
let's fly across the blue sky